El capitalismo no ha tenido buena prensa a lo largo de su existencia. Excepto, quizá, en dos etapas. La primera fue en sus inicios, allá por el siglo XVII, cuando aún no tenía este nombre sino el de economía comercial. Es decir, la que hoy llamamos economía de mercado. La segunda a mediados del siglo pasado, cuando después de la Gran Depresión de los treinta y de la Segunda Guerra Mundial se reconcilió con la democracia y el progreso social y cambió su nombre por el de economía social de mercado.
Ahora ha vuelto a mostrar su peor cara. Como ocurre cuando baja la marea, la crisis financiera del 2008 dejó al descubierto conductas empresariales y financieras malolientes, fétidas, incompatibles con la exigencia moral que Adam Smith había defendido para la economía comercial o de mercado. Pero, más allá del rechazo moral de estas conductas, el malestar con el capitalismo viene de otro frente: del deterioro de las condiciones de vida y de la pérdida de expectativas de mejora de una gran parte de las sociedades de los países desarrollados.
Este deterioro tiene dos causas básicas. Por un lado, la fuerte caída de ingresos de los hogares. Un reciente estudio de McKinsey Global Institute ( ¿Más pobres que sus padres?) señala que entre el 65% y el 70% de los hogares de 25 países desarrollados, incluida España, vieron como los ingresos procedentes de los salarios y de las rentas del capital se estancaron o cayeron entre el 2005 y el 2014. Eso significa que en estos países unos 580 millones de personas han visto empeorar tanto su situación absoluta como en relación con el 25% de los hogares que han mejorado sus rentas comparadas con las que tenían en el 2005. Algo va mal con el capitalismo y los salarios. La distribución de rentas producidas actualmente por los mercados es claramente perjudicial para las clases medias y bajas.
Antón Costas
"Hay que civilizar las situaciones monopólicas, ya que afecta a los habitantes. A su vez de avanzar mas, vamos de retroceso ya que actualmente la economía se ve afectada por diferencias de mercado cuando algunas empresas tienen ventajas políticas ante otras; la globalización comercial y la tecnología han tenido parte de responsabilidad."
Luisa Mendoza
